Reírse no siempre es divertido

En muchas escuelas existen situaciones que pasan desapercibidas porque parecen simples bromas o momentos sin importancia. Sin embargo, detrás de algunas risas puede esconderse algo más serio: el bullying camuflado.

A diferencia de otras formas de maltrato más visibles, este tipo de violencia no siempre incluye insultos directos ni agresiones físicas. Aparece en comentarios disfrazados de humor, miradas, exclusiones o actitudes repetidas que terminan afectando a quien las recibe. Muchas veces se minimiza con frases como “era un chiste” o “no te lo tomes tan en serio”, pero sus consecuencias pueden ser reales y profundas.

A partir de esta problemática, decidimos investigar más sobre el tema y conocer qué sucede dentro de nuestra propia comunidad educativa.

Para eso realizamos una encuesta anónima a estudiantes del colegio. Entre las respuestas recibidas, una nos llamó especialmente la atención:

“A veces hacen chistes sobre mí y yo me río para que no se note, pero en realidad me molesta”.

— Estudiante de secundaria.

¿Qué es el bullying camuflado y en qué se diferencia del bullying más visible?

El bullying camuflado es una forma de maltrato que suele presentarse de manera sutil: mediante chistes repetidos, comentarios irónicos, exclusión, indirectas o actitudes que buscan ridiculizar o incomodar a otra persona.

A diferencia del bullying más evidente —como insultos, amenazas o agresiones físicas—, este puede pasar desapercibido porque se esconde detrás del humor o de conductas que parecen inofensivas. Sin embargo, el efecto puede ser igual de dañino cuando ocurre de manera constante.

¿Por qué muchas veces se minimiza como “una joda”?

Porque el humor funciona como una forma de justificar ciertas conductas. Cuando algo se presenta como una broma, resulta más difícil reconocer el daño que puede generar.

Además, muchas personas prefieren no expresar que se sienten incómodas por miedo a parecer exageradas o a quedar excluidas del grupo.

¿Qué efectos puede tener en los adolescentes?

Aunque parezca algo menor, este tipo de situaciones puede generar:

inseguridad;

baja autoestima;

ansiedad;

aislamiento;

tristeza;

dificultades para relacionarse con otros.

Con el tiempo, también puede afectar la forma en que una persona se percibe a sí misma.

¿Por qué algunas personas buscan encajar aunque eso implique lastimar a otros?

Durante la adolescencia, pertenecer a un grupo tiene un valor muy importante. En algunos casos, el miedo a quedar afuera lleva a repetir conductas del entorno para obtener aprobación o evitar convertirse en el próximo objetivo.

¿Por qué estas actitudes suelen aparecer más en grupo?

Porque cuando muchas personas participan, la sensación de responsabilidad individual disminuye. Aparece la idea de que “todos lo hacen” y algunas acciones terminan normalizándose.

También puede influir el deseo de obtener atención o aceptación por parte de los demás.

¿Son conscientes de que pueden lastimar?

No siempre.

Algunas personas reconocen el daño pero lo minimizan; otras no llegan a percibir el impacto real de sus palabras o acciones. También puede ocurrir que reproduzcan comportamientos que ya están naturalizados en su entorno.

¿Qué podemos hacer desde el lugar de estudiantes?

Si lo sufrís:

Hablar con alguien de confianza, poner límites cuando sea posible y no quedarse solo con lo que pasa.

Si lo ves:

No reforzar la situación: evitar seguir el chiste o reírse y acompañar a quien está siendo afectado.

Como comunidad:

Generar espacios donde estas situaciones puedan hablarse sin burlas ni minimizaciones.

Una reflexión final

A veces una risa parece inofensiva, pero no todas las risas lo son.

Detrás de muchos comentarios que se presentan como humor puede haber alguien que se siente incómodo, expuesto o herido. El bullying camuflado es difícil de identificar justamente porque suele estar normalizado.

Por eso, reconocer estas situaciones es el primer paso para construir una convivencia más sana.

Como estudiantes, todos tenemos un rol: no solo evitar hacer daño, sino también elegir no ser parte del silencio. Escuchar, acompañar y animarse a intervenir puede generar cambios mucho más grandes de lo que imaginamos.

Porque construir una escuela donde todos se sientan respetados depende de todos.

Autores: Isabella, Pilar, Lucía, Bianca y Emilia.

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