Adolescentes sin descanso: el sueño perdido que afecta el aula

 Dormir poco se ha vuelto una costumbre silenciosa entre muchos adolescentes, y sus efectos ya se sienten dentro de las aulas. El uso constante del celular, las tareas escolares y el hábito de acostarse cada vez más tarde están modificando las rutinas nocturnas de los estudiantes, que llegan al colegio con signos evidentes de cansancio y falta de concentración.

En la actualidad, la falta de sueño es un problema cada vez más frecuente entre jóvenes en edad escolar. Lejos de ser una simple molestia, dormir menos horas de las necesarias repercute tanto en el rendimiento académico como en el estado emocional de los estudiantes. Cansancio, falta de energía y dificultades para prestar atención son algunas de las consecuencias más visibles de este fenómeno.

Con el objetivo de conocer de cerca cómo impacta esta problemática en la vida cotidiana de los alumnos, se realizó un cuestionario que abordó distintos aspectos relacionados con los hábitos de descanso y el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir. Las preguntas estuvieron orientadas a conocer cuántas horas duermen los estudiantes, si tienen dificultades para levantarse por la mañana, cómo influye el sueño en su desempeño escolar y qué factores consideran responsables de que los adolescentes duerman poco.

Una alumna de secundaria respondió el cuestionario de manera anónima, aportando un testimonio que refleja una realidad compartida por muchos jóvenes. Según su relato, duerme entre seis y siete horas por día durante la semana, una cantidad inferior a la recomendada para su edad. Aunque no le cuesta levantarse por la mañana, reconoce que dormir menos afecta su energía diaria y su capacidad de concentración en clase.

El uso del celular aparece como uno de los hábitos más frecuentes antes de acostarse. La estudiante admitió que utiliza el dispositivo casi siempre antes de dormir, lo que retrasa la hora de descanso. Su horario para ir a la cama varía entre las 23 y las 2 de la madrugada, dependiendo del momento en que regresa a su casa o de las tareas pendientes.

Al reflexionar sobre las causas de este problema, la alumna señaló que el uso de dispositivos electrónicos y las obligaciones escolares son factores clave que llevan a muchos adolescentes a dormir menos de lo necesario. También consideró que una mejor organización de los horarios podría ayudar a mejorar su descanso.

Los efectos emocionales tampoco pasan desapercibidos. La estudiante manifestó que cuando duerme mal suele sentirse de mal humor, se enoja con facilidad y pierde las ganas de realizar actividades cotidianas. Este tipo de reacciones evidencia que la falta de sueño no solo impacta en el aprendizaje, sino también en el bienestar emocional de los jóvenes.

El testimonio recogido permite dimensionar una problemática que crece en silencio y que requiere la atención tanto de las familias como de las instituciones educativas. Promover rutinas más saludables, limitar el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir y fomentar la organización del tiempo son algunas de las estrategias que podrían ayudar a recuperar un recurso tan esencial como el descanso.

Autoras: Sara Siri y Luana Gioiosa

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